El que haya probado comida Tailandesa en un restaurante occidental puede haber tenido una pequeña aproximación, muy pequeña, al mundo de nuevos sabores que los Tais tienen en su cocina. Pero hasta que no pones un pié en Tailandia, y comes en lugares donde comen los Tais, los lugares de cada día, los habituales en su rutina, no entiendes realmente que el choque cultural empieza por el estómago.
Podrán contarte maravillas de la gastronomía Tailandesa. Que si la mezcla de sabores....que si la combinación de dulce, salado, amargo y ácido....que si lo saludable de apenas usar aceites y la gran cantidad de verduras... Pero lo que de verdad impacta de la comida Tai auténtica la primera vez que la pruebas es que PICA. Y no un poco. MUCHO.
Sácate de la cabeza que la comida mexicana es picante. O que los currys hindús son fuertes. O que el mojo canario es una salsa para estómagos endurecidos. No entenderás el alcance de una guindilla en tu paladar hasta que pises el reino de Siam, y lamentablemente, al principio, todos los platos te sabrán igual, ya sean de carne o de pescado. Lo único que sentirás será un fuerte ardor en tu boca que te va a impedir apreciar matices de ninguna clase.
El milagro obra cuando al cabo de un tiempo, tus papilas gustativas dejan de sentirse irritadas y empiezas a saborear, poco a poco, las sutiles y delicadas fragancias que los Tailandeses ponen siempre en cada uno de sus platos. Pero necesitarás precisamente eso: tiempo.
Me gusta comparar la exquisitez y excelencia de la comida Tai, con la primorosa presentación de los platos japoneses. Éstos últimos convierten cada plato en una obra de arte plástica. Los primeros convierten el sentido del gusto en el protagonista de la ocasión.
El siguiente choque cultural gastronómico viene por los horarios. Deja atrás tu rutina de desayuno-almuerzo-cena. Los Tais comen a cualquier hora del día, y su único baremo es "tengo hambre, tengo tiempo, luego como". Y cuando te levantes por la mañana y tu estómago te reclame a gritos café y donuts, prepárate para que te pongan delante un cuenco con arroz y pollo salteado con miles de especias y mucho chili.
Olvídate también de aperitivo, primer plato, segundo plato y postre. Allí viene todo junto a la mesa y te verás picoteando un pad Tai, dando un bocado a un pescado de rio, o juntando en los carrillos una costilla de cerdo a la vez que sorbes un poco de sopa de pollo en leche de coco.
Puede parecer demencial, pero cuando te acostumbras, luego cuesta volver a una dieta mediterranea ordenada en tiempo y forma.
Y sobre todo un buen consejo: no seas remilgado ni asustadizo, y ataca sin complejos los puestos de comida callejera. Pocas oportunidades tendrás en la vida de comer cosas tan sabrosas y ricas como lo que te ofrezcan en cualquier acera de bangkok, aunque a nuestro occidental entender se tengan sospechas de la salubridad del chiringuito en cuestión, lo cierto es que la calidad, abundancia y precios de los puestos callejeros convierten a los restaurantes en un lujo esporádico del que puedes prescindir totalmente si tu presupuesto de viaje es ajustado.

muy bueno :-), nada como desayunar un kao man kai, eso si es un desayuno como dios manda...
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